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Durante años, correr fue una actividad bastante solitaria. Auriculares, reloj y kilómetros. Cada uno a lo suyo. Sin embargo, en los últimos tiempos algo ha cambiado. En muchas ciudades —especialmente en grandes núcleos urbanos como Barcelona— los running clubs se han multiplicado y cada vez reúnen a más gente.
No se trata solo de entrenar mejor o de preparar carreras. El auge de los running clubs responde a algo más profundo: una necesidad de conexión, de rutina compartida y de actividad física sin presión competitiva.
Este fenómeno no es casual ni pasajero. Tiene razones claras y muy ligadas a cómo vivimos hoy.
Vivimos hiperconectados y, paradójicamente, cada vez más solos. Muchas personas pasan el día entero delante de una pantalla, trabajando desde casa o con relaciones sociales muy fragmentadas.
Correr en grupo rompe esa dinámica. No exige grandes conversaciones ni habilidades sociales especiales. Simplemente compartes un esfuerzo, un ritmo y un momento del día. Para mucha gente, eso es más que suficiente.
Los running clubs ofrecen pertenencia sin obligaciones pesadas. Apareces, corres y te vas. O te quedas a charlar. Sin presión.
Durante mucho tiempo, el running estuvo muy ligado a marcas, cronos y carreras. Aunque sigue siendo así para muchos, cada vez más personas buscan justo lo contrario.
Los running clubs ponen el foco en la experiencia, no en el rendimiento. No importa tanto cuánto corres, sino que corras. No importa si paras, si vas lento o si ese día no tienes buenas sensaciones.
Este enfoque más relajado ha abierto la puerta a perfiles que antes no se sentían cómodos en entornos demasiado competitivos. Personas que quieren moverse, socializar y sentirse bien sin compararse constantemente.
Uno de los grandes enemigos del running es la falta de constancia. Salir solo requiere mucha fuerza de voluntad, sobre todo cuando el día no acompaña.
Un running club introduce un compromiso suave. Saber que hay un grupo esperando reduce las excusas. No por obligación, sino por simple inercia social.
Muchos corredores descubren que no es que no les gustara correr, sino que les faltaba un contexto que lo hiciera más llevadero.
Para muchas personas, los running clubs se han convertido en una alternativa real a otros planes sociales. Quedar para correr un día entre semana, terminar con una charla o una bebida y volver a casa con la sensación de haber aprovechado el tiempo.
No hay grandes gastos, no hay horarios eternos y no hay resaca al día siguiente. Es un tipo de ocio que encaja muy bien con estilos de vida más conscientes.
Además, correr juntos crea vínculos rápidos. El esfuerzo compartido rompe barreras y genera conversaciones naturales, sin postureo.
A diferencia de otros deportes o actividades sociales, correr no requiere grandes conocimientos ni inversiones. Unas zapatillas, ropa cómoda y ganas de probar.
Los running clubs suelen ser abiertos, gratuitos o de coste muy bajo, y con ritmos variados. Esto facilita que gente muy distinta se anime a participar, incluso aunque nunca haya corrido en grupo.
Esa accesibilidad es clave para entender por qué crecen tan rápido.
Las ciudades han cambiado. Cada vez hay más parques, paseos marítimos y zonas pensadas para moverse. El entorno urbano favorece el encuentro y la actividad física al aire libre.
En este contexto, los running clubs encajan de forma natural. Aprovechan espacios públicos y convierten la ciudad en un punto de encuentro, no solo en un lugar de paso.
Correr en grupo también hace que la ciudad se perciba de otra manera: más cercana, más vivida.
Las redes sociales han ayudado a que muchos running clubs se den a conocer, pero no son el motivo principal de su éxito. Funcionan como escaparate, no como objetivo.
A diferencia de otros fenómenos deportivos más efímeros, los running clubs sociales se sostienen en la experiencia real. Si la gente vuelve, es porque algo funciona fuera de la pantalla.
Cuando el foco está en el grupo y no en la foto, el modelo se mantiene.
El auge de los running clubs también es una reacción al ritmo acelerado y fragmentado de la vida moderna. Correr en grupo ofrece una rutina sencilla, repetible y saludable.
No promete cambios radicales ni cuerpos imposibles. Promete algo más valioso: continuidad, contacto humano y bienestar sostenido.
Y eso, hoy, tiene mucho valor.
Los running clubs están en auge porque responden a una necesidad real. No buscan competir con el running tradicional, sino ampliarlo.
Ofrecen comunidad sin presión, constancia sin rigidez y actividad física sin exigencias desmedidas. En un mundo cada vez más individual y acelerado, correr juntos vuelve a poner el foco en lo esencial.
Y probablemente por eso han venido para quedarse.
A veces no hace falta correr más rápido. Basta con no correr solo.
Si vives en Barcelona, desde nuestra página puedes echar un vistazo a todos los Running Clubs que hay y ver en que días salen a correr.